Se ha comentado en numerosas ocasiones la importancia que la industria de los alimentos ha tenido para mitigar en España los negativos efectos de la crisis. Se ha hecho mucho hincapié en su contribución a la excelente marcha del sector exterior y en el sostenimiento del empleo.

Lo que no se suele remarcar, o no me suena que se haya hecho, es la gran estabilidad la industria de los alimentos. Circunstancia que puede verse en el siguiente gráfico. La del índice de producción industrial de los alimentos es claramente la menos nerviosa de las series que se representan, y es la que menos altibajos sufre a lo largo del tiempo. Si la comparamos con la línea verde, que es la industria en su conjunto, podemos ver que el cuento se asemeja a la fábula de la liebre y la tortuga. Inicialmente, la liebre, el conjunto de la industria nacional, crecía mucho más rápido que la industria de los alimentos. A principios del presente siglo se alcanzaba la mayor diferencia. Luego se ajustó un poco, pero hacia el final del ciclo expansivo asociado al sector inmobiliario, la industria volvió a tomar distancia.

La llegada de la crisis fue decisiva. La industria española literalmente colapsó. En poco más de un año el índice de actividad perdió una década. La rama de los alimentos, lógicamente, también se vio afectada (no olvidemos que la demanda nacional se vino abajo y eso significó menos ventas para todos), pero su retroceso fue insignificante en relación con el sufrido por el conjunto del sector. Durante la segunda recesión ambas series vuelven a caer, pero otra vez con intensidades diferentes. El resultado es que a la altura de mediados de 2014, la tortuga (la industria alimentaria) está en niveles máximos en lo que se refiere a su nivel de actividad, mientras que el conjunto de la industria está a niveles de 1994.

Evolución del Índice de Producción Industrial

Fuente: INE.


Obviamente, el cuento no ha terminado. Se seguirá escribiendo y es posible que la liebre vuelva por sus fueros, sobre todo, si se consolida la recuperación en la Eurozona y en la propia España. Ojalá se produjera, significaría que la economía española habría encontrado un nuevo motor. Ahora bien, lo que parece claro es que apostar por la industria de los alimentos es una estrategia que a largo plazo produce evidentes beneficios.

Este artículo se corresponde con las conclusiones de uno de los últimos libros elaborados por el Servicio de Estudios Agroalimentarios de Cajamar Caja Rural. Por tanto, la autoría se reparte entre Ana Cabrera, Roberto García y el que normalmente suscribe este Blog. Si el lector desea profundizar, el libro está disponible para descarga AQUÏ.

El sector agroalimentario juega un papel muy importante en la sociedad andaluza, tanto desde el punto de vista económico, como social y territorial. El valor añadido bruto generado por las actividades agrarias y agroindustriales supera los 9.400 millones de euros, y da empleo a unas 270.000 personas. Además presenta un saldo exterior muy favorable, con un superávit comercial de más de 4.000 millones de euros.

Andalucía es la primera región agraria de España, aportando casi el 24 % del total nacional, sin embargo, su peso en la industria de alimentación y bebidas se reduce hasta el 13 %, situándose a una considerable distancia de Cataluña. En este sentido, la incorporación de valor añadido a las producciones agrarias de la región sigue siendo el gran reto regional.

En Europa, las cooperativas juegan un papel fundamental en el sector agroalimentario, con una notable participación en el mercado para la mayoría de los sectores y países de la Unión. Ahora bien, si se compara la situación del cooperativismo agrario español con el resto de países del continente, se observa que los ratios económicos (facturación media por cooperativa y socio) en nuestro país son sensiblemente inferiores a la media europea, aunque el número de socios por cooperativa sea mayor en España.

Obtener una mayor dimensión se ha vuelto prioritario para abordar procesos de transformación de los productos agrarios, alcanzar economías de escala, mejorar el poder de negociación en la cadena de suministro e iniciar procesos de internacionalización o de I+D+i. La forma de hacerlo es muy variada: fusiones, adquisiciones, integraciones en estructuras de superior grado, o simplemente con alianzas comerciales. Para alcanzar unos niveles adecuados de competitividad se está produciendo también un cambio en el enfoque empresarial, estando más  centrado en el mercado.

En Andalucía las cooperativas agrarias son más pequeñas que la media nacional, aunque 3 de las 10 que más facturan en España son andaluzas. El sector ha experimentado una notable mejora en la última década, encontrándonos hoy con empresas más modernas y adaptadas a la situación de mercado. No obstante, aún han de hacer frente a retos relacionados con un mayor crecimiento empresarial, con la mayor incorporación de valor y con la internacionalización.

La industria agroalimentaria ha mantenido en Europa un peso muy relevante, tanto en el conjunto de la Unión como en cada uno de sus estados miembros. En 2011 suponía el 12,3 % del total de las manufacturas aunque en algunas de las principales economías, como Reino Unido, Francia, España o los Países Bajos, el porcentaje era notablemente superior. Concretamente, en el caso de España del 18 %. Es también la rama industrial que más trabajo genera (algo más de 4,2 millones de empleos) y que más valor añadido aporta con 204.000 millones de euros (el 12,8 % del total de las manufacturas) aunque está por debajo de la media en lo que a productividad se refiere.

La industria de los alimentos ha pasado en las últimas décadas de comandar la cadena de valor a ver cómo la distribución moderna le superaba, lo que ha exacerbado las tensiones favorables a la globalización y el crecimiento corporativo.

En España se está produciendo una intensa reducción del número de empresas de la industria alimentaria y un aumento de la dimensión media de las mismas, aunque aún siguen siendo muchas. De hecho, España es el país de la Unión con mayor número de empresas en este sector: en torno a 30.000, pero sólo somos el tercero en cuanto a generación de valor añadido. La clave es la productividad, que en nuestro caso apenas es superior a la media de la Unión y está muy por debajo de países como Bélgica, Irlanda, Países Bajos o Reino Unido.

Las particularidades de Andalucía en el campo industrial vienen definidas por las especializaciones agrarias de la Comunidad. Así, en términos de facturación el principal subsector de la misma es el de aceites y grasas, que en 2011 ingresó 4.689 millones de euros.

La Distribución Moderna se caracteriza por aprovechar las diversas ventajas que le proporciona el profundo conocimiento del comportamiento y los gustos de los consumidores, su volumen de compras, la utilización intensiva de tecnologías de la información y los mecanismos que la Globalización ha puesto a su alcance. Así, muchas de estas empresas son grandes multinacionales multiformato, combinando la gran superficie clásica, el discount, los supermercados y las tiendas de conveniencia. No obstante, en varios países existen también “campeones nacionales” que aprovechan una mayor cercanía y conocimiento del mercado local para competir con las cadenas globales, tal y como sucede con Mercadona o Eroski en España.

Ha sido este el segmento de la cadena que se ha comportado de forma más exitosa. Desde el punto de vista del consumidor han producido numerosas ganancias de bienestar (mayor disponibilidad de producto a un precio menor, horarios adaptados, disponibilidad de aparcamientos, etc.).

Como se ha señalado, la irrupción de esta moderna distribución ha supuesto un cambio importante en el status quo de la cadena, con algunas características que seguramente se prolongarán durante los próximos años: reducción del número de empresas y diversificación en términos de formatos comerciales y de mercados nacionales, concentración creciente de las ventas, fuerte presencia de la marca del distribuidor (MDD), e intensificación de las estrategias de conocimiento del consumidor. Por otro lado, la creciente globalización de las cadenas de suministro y la propia competencia del mercado están dando lugar a nuevas formas de competición en la que los miembros de una cadena de suministros cooperan entre sí para enfrentarse a cadenas alternativas.

En España, el formato comercial que más éxito ha cosechado es el de los supermercados, que en 2011 tenían una cuota de mercado del 42%, casi 11 puntos porcentuales más que 10 años antes.

Entre los cambios más importantes habidos en la sociedad occidental y que tienen una clara influencia sobre la forma en la que se compran y consumen los alimentos, podemos señalar los siguientes: la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, el incremento de la población inmigrante, el envejecimiento de la población, la disminución del tamaño de los hogares, la concentración de la población en las zonas urbanas, y la disminución del porcentaje de los ingresos dedicado a la alimentación. También hay que resaltar la mayor sensibilidad de la demanda hacia la variable precio, lo que ha favorecido sobremanera la expansión de la MDD.

En 2012 los españoles gastamos 100.000 millones de euros en alimentos. De esa cantidad, dos tercios correspondieron al consumo en el hogar y el tercio restante fue consumo extradoméstico, frenándose la tendencia de crecimiento de este último.

Respecto a la evolución de las exportaciones de alimentos en Andalucía, esta ha sido muy favorable, con incrementos de entre el 6 y el 12 por ciento en los tres últimos ejercicios. El saldo de la balanza comercial ha sido positivo en más de 4.000 millones de euros y se ha logrado alcanzar una tasa de cobertura del 252 %. La participación de la agroalimentación andaluza en las exportaciones españolas fue en 2012 del 20 %, superando los 6.900 millones de euros. Las hortalizas frescas, los aceites y las frutas frescas representan el 71,5 % de los alimentos exportados en Andalucía.

En un momento en el que se está negociando la reforma de la PAC hay que resaltar la importancia que la misma tiene para la Comunidad. Durante los últimos años los ingresos recibidos desde Europa por este concepto han sido de 1.900 millones de euros anuales, distribuidos entre más de 275.000 beneficiarios, lo que supone un ingreso medio por perceptor de ayudas de 6.000 euros, cifra ligeramente inferior a la media nacional (6.364 euros). Territorialmente, las ayudas se concentran en las provincias de Jaén y Sevilla, que representan la mitad de los subsidios. También resalta el escaso peso de las dos provincias con mayor orientación hortofrutícola como son Huelva y Almería.

Respecto al proceso de integración cooperativa en España, hay que señalar que comenzó de forma más tardía que en Europa y que aún queda un largo camino para considerarlo terminado. Cabe destacar que, en muchos de los países que han experimentado procesos de concentración cooperativa más intensos, la intervención pública ha sido muy reducida. En algunos de ellos ni siquiera existen leyes específicas de cooperativas. En el mismo sentido, los respectivos organismos de la competencia tampoco han entorpecido un proceso que ha dado lugar, en algunos casos, a empresas que pueden controlar más del 60 % de la cuota de mercado para determinados productos.

Por otro lado, el marcado carácter profesional y empresarial de los socios que integran las cooperativas del centro y norte de Europa y que tienen muy presentes en la toma de decisiones que afectan a su explotación y a su cooperativa la eficiencia y la rentabilidad han sido factores claves para llegar a la situación actual de elevada concentración del sector cooperativo en esos países. Los aspectos emotivos y territoriales no han supuesto un freno para la integración de cooperativas.

En cualquier caso, en estos últimos años se ha intensificado notablemente el debate sobre este asunto en España y, aunque de manera muy lenta, ya se han empezado a dar los primeros pasos con algunos proyectos de fusión que están dando lugar a empresas más grandes, con mayor vocación comercial, que prestan mejores servicios a sus socios y que les proporcionan un mayor valor añadido.

Este incipiente proceso, junto a la continua profesionalización de los agricultores y la mayor dimensión de sus explotaciones, puede provocar una aceleración del movimiento de integración a corto y medio plazo. Porque, cada vez más, los socios de las cooperativas españolas y andaluzas también tendrán en cuenta en sus decisiones los criterios económicos frente a la discusión sobre dónde se situará la sede social o quién será el presidente o consejero de la entidad resultante.

En resumen, aunque de forma tardía, el proceso de integración coooperativa en Andalucía y España ha comenzado, siendo la búsqueda de mayores utilidades para los socios, la satisfacción de las demandas de los consumidores y la profesionalización de los primeros eslabones de la cadena los objetivos a conseguir en el corto y medio plazo.

 

Cajamar ha publicado hace pocos días un nuevo estudio de su colección Informes y Monografías, dedicado en esta ocasión a realizar un balance del sector agroalimentario durante 2012. Por supuesto, dicho libro está a la disposición de quién lo desee o tenga curiosidad a través de su web.

En dicho trabajo se hace un repaso de las principales cifras de la agricultura, de la ganadería y de la industria de la alimentación y bebidas, intentando poner en conexión estos números con los comportamientos de precios, costes y empleo, y enmarcando el conjunto en el entorno económico internacional y nacional en el que se desarrolló el ejercicio. Son apenas 50 páginas, plagadas de gráficos y tablas que, la mayor parte de las veces hablan por sí mismos. Además, se incluye un primer capítulo a modo de informe ejecutivo en el que el lector podrá hacerse una idea muy aproximada de lo sucedido durante el ejercicio de 2012  en los distintos subsectores.

Es la voluntad del Servicio de Estudios Agroalimentarios de Cajamar lanzar cada año este resumen en el primer cuatrimestre del ejercicio y, en próximas ediciones, se irán refinando tanto el esquema general de la obra, como las fuentes estadísticas del mismo, con la intención de que se convierta en una herramienta básica de trabajo para el sector.

En los comentarios podéis ir poniendo qué os parece, y qué debemos hacer pata mejorarlo. Desde ya, os damos (os doy) las gracias por vuestras aportaciones.

Anoche liberamos el último número de Coyuntura Agroalimentaria que, es cierto, se nos ha retrasado un poco. Este tipo de documentos no pretende descubrir nada nuevo, la idea de partida es arrojar una visión rápida, general y veraz de la siuación de un sector en un determinado momento del tiempo. Así llevamos intentándolo hacer desde hace dos años desde el Servicio de Estudios de Cajamar. En esta ocasión, los datos recogidos ponende manifiesto que las tensiones generadas en la diminución de la oferta (sobre todo de la oferta de cultivos de secano), junto con la contracción del consumo nacional ha provocado un aunento de los precios, aunque, por lo general, insuficientes para cubrir el crecimiento de los costes de producción corrientes. impulsados por la propia escasez de cereales y el aumento de los precios energéticos y todos sus derivados. Por otro lado, las exportaciones siguen siendo la vía de escape de las producciones primarias e industriales de España, aunque la coyutura en la Eurozona no es precisamente optimista con respecto a los próximos meses.

Ante un entorno económico general con pocas novedades y aún sometido a las presiones de la crisis del euro, los consumidores nacionale se han mantenido fríos, aunque menos en lo que respecta a los alimentos que en lo referente al conjunto de bienes de consumo. Por otro lado, las producciones se han visto afectadas por la falta de lluvias del pasado año hidrológico, sobre todo los secanos.

La producción de carne y de alimentos procesados han sufrido el impacto de la crisis, de forma que la primerase ha visto mermada en las ganaderías de mayor precio, creciendo sólo de forma clara el porcino. Con respecto a la segunda, los alimentos procesados están ahora en fase recesiva, mientras que las bebidas han cambiado la tendencia para pasar a crecer un 1,6%.

Nuevamente ha sido la demanda externa la que ha permitido al sector agroalimentario mantener su actividad. En este sentido, particularmente brillante ha sido el comportamietno de las exportaciones de alimentos procesados y bebidas.

 Desde el punto de vista de los costes, a pesar de que los salariales se han moderado de forma importante en casi todos los subsectores, lo cierto es que los precios de los insumos corrientes han sufrido imiportantes tensiones inflacionistas, por lo que han compensado en parte el comportamiento de la mano de obra.

El reflejo de todas estas cuestiones en los precios ha sido una tendencia ascendernte de los precios agrícolas, miestras que los ganaderos mantienen una tendencia decreciente, ambos ahora en torno al 10% interanual. Lod precios de los alimentos procesados han sufrido una clara aceleración en los últimos meses, mientras que los de las bebidas se mantienen estables.

 

Precios percibidos por los agricultores: Tasas de variación interanual

Fuente: MAGRAMA

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Esta mañana, en la presentación en Valladolid del número 2 de los Cuadernos de Estudios Agroalimentarios, dedicado a los sistemas productivos locales agroindutriales (SPLA), me he acordado de una de las cuestiones que nos llevaron a dedicar un monográfico a este asunto: la capacidad que tienen estos sistemas de resistir y rehacerse ante situaciones de crisis. Eso que los ecólogos llaman resiliencia.

Respecto a los motivos que hay detrás de esta virtud, es evidente que algunos serán específicos, pero otros muchos son comunes. En primer lugar, los SPLA se basan en una categoría de productos menos sensibles a los cambios en la renta de los consumidores. Aunque las familias se fijan cada vez más en el precio, no dejan de comprar alimentos y, si lo hacen s en mucha menor intensidad que otro tipo de bienes. Esto, que en general es cierto, explica que la demanda de estos productos no se vea tan afectada y que por comparación termine siendo un sector más atractivo durante las crisis que en los momentos de bonanza en los que hay multitud de alternativas de inversión.

Pero es que, además, en los SPLA se producen normalmente relaciones de coocompetencia (cooperación y competencia) entre las empresas, de forma que se comparten informaciones, conocimientos y códigos de conducta que favorecen la continuidad del sistema. O sea, el conjunto completo es mucho más valioso que la suma de las individualidades. Asimismo, se suelen crear relaciones de complicidad con las sociedades en los que se desarrollan, por lo que es mucho más sencilla la relación con las administraciones cercanas o con instituciones implicadas (sindicatos, organizaciones de productores, etc.). Es decir, es fácil que surjan objetivos comunes deseables por todos o casi todos y que sean perseguidos por todo el territorio que los soporta.

Y esa es otra de las ventajas: el vínculo territorial fuerte, normalmente basado en la disponibilidad de un recurso natural o en la existencia de unas condiciones ambientales especiales y específicas para algún tipo de producción (agrícola o ganadera). Esto implica que existan economías de localización evidentes en la pertenencia a un determinado territorio (p.e. Guijuelo, Jijona, Rioja o Estepa son nombres de lugares con una honda repercusión alimentaria).

El número presentado esta mañana es un compendio de SPLA. No están todos los que son, pero si que son todos los que están, siendo posiblemente el primer libro (en realidad, revista) en la que se tratan tantos y tan diversos casos. Como decía en la rueda de prensa, creo que en ningún otro de nuestros trabajos se refleja también el triple compromiso de la Fundación Cajamar, con la difusión del conocimiento, del desarrollo local y de la economía social. Los 11 artículos más la introducción del coordinador, José Ángel Aznar, son un excelente glosario de algunos de los sistemas productivos más significativos de nuestro país y en sus páginas se encierran muchas más claves que las que yo he sido capaz de enunciar aquí para explicar el porqué de la resiliencia de los distritos agroindustriales.